Un mes con dos Windows 11: instalación de fábrica contra instalación limpia, y los números reales de lo que el bloatware se lleva por el camino
Photo: Dietmar Rabich, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Hay una pregunta que vuelve cada vez que alguien estrena un ordenador: ¿formateo o uso lo que viene de fábrica? Nosotros la hemos respondido con datos, no con opiniones. Dos torres idénticas —misma placa base, mismo SSD NVMe de 1 TB, misma configuración de hardware— con la única diferencia del software: en una instalamos la imagen de Windows 11 que incluye cualquier equipo de consumo comprado en España, y en la otra una instalación limpia desde una ISO oficial, sin nada más que los drivers del fabricante.
Qué medimos y cómo
Durante un mes registramos a diario cinco métricas: tiempo de arranque hasta escritorio utilizable, RAM ocupada en reposo tras 10 minutos sin tocar el equipo, espacio libre en disco tras el primer arranque, fotogramas por segundo en tres juegos fijos (Cyberpunk 2077, Counter-Strike 2 y Forza Horizon 5) y número de procesos activos en segundo plano.
Los resultados, sin adornos
El equipo de fábrica arrancaba con 68 procesos activos frente a los 54 de la instalación limpia. En RAM, la diferencia fue de 1,4 GB a favor de la instalación limpia: 3,1 GB ocupados frente a 4,5 GB. No es dramático en una máquina de 32 GB, pero en un portátil de 8 GB significa tener un navegador abierto de menos.
En espacio en disco, el software preinstalado (suites de seguridad de prueba, utilidades del fabricante, enlaces a tiendas, juegos de demostración) consumía 23,7 GB adicionales. En un SSD de 512 GB, eso es cerca del 5% del disco ocupado antes de instalar nada tuyo.
¿Y el rendimiento en juegos?
Aquí viene la parte que más sorprendió. En Cyberpunk 2077 a 1440p, la diferencia media fue de 2,3 FPS a favor de la instalación limpia, dentro del margen de error. En Counter-Strike 2, sin embargo, la media era casi idéntica pero el 1% de los frames más bajos era un 7% peor en el equipo de fábrica, porque los procesos de fondo —sincronización de nube, actualizaciones programadas, telemetría— intervenían en los momentos críticos.
La conclusión honesta: el bloatware no te roba FPS de forma perceptible en la media, pero sí estabilidad de rendimiento, y eso en juegos competitivos se nota.
Arranque y sensación de uso
El tiempo hasta escritorio utilizable fue de 31 segundos en la instalación limpia y de 47 en la de fábrica, con picos de actividad de disco durante los primeros minutos de cada sesión. Es la diferencia entre sentarte a trabajar y sentarte a esperar.
Guía: cómo limpiar tu Windows 11 de forma segura
Si no quieres formatear, este orden de actuación recupera la mayor parte de lo perdido:
- Desinstala desde Configuración > Aplicaciones todo lo que no reconozcas y no sea driver. Cuidado con las utilidades del fabricante que controlan ventilación o teclas de función: infórmate antes de quitarlas.
- Desactiva el arranque automático de lo que quieras conservar: Administrador de tareas > Inicio.
- Revisa las tareas programadas de telemetría y actualizaciones de terceros.
- Elimina las apps promocionadas (Clips, juegos de tienda, suites de prueba) que no uses.
- Reinicia y comprueba en el Administrador de tareas que los procesos en reposo bajan por debajo de 60.
Veredicto
¿Merece la pena formatear un equipo nuevo? Si tiene 16 GB de RAM o más y SSD amplio, probablemente no: la diferencia no justifica la tarde de trabajo. Si es una máquina de 8 GB de RAM o 256 GB de disco, la instalación limpia (o una limpieza a conciencia) deja de ser un capricho y se convierte en necesidad. El bloatware no es un mito, pero tampoco es el monstruo que muchos venden: es una comisión del 5-7% en recursos que tú decides si estás dispuesto a pagar.