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Disipador de torre vs refrigeración líquida AIO: ponemos los números sobre la mesa

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Disipador de torre vs refrigeración líquida AIO: ponemos los números sobre la mesa

Photo: Benlisquare, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Hay pocas decisiones en el mundo del PC gaming que generen tanto debate como elegir entre un disipador de aire o un sistema de refrigeración líquida todo-en-uno. Los fabricantes de AIO llevan años vendiéndonos la idea de que el líquido es superior por definición, y muchos usuarios asumen que si no tienen un radiador de 240 mm o más, su procesador está sufriendo. En PC Test Renos no nos fiamos de los folletos, así que lo hemos medido nosotros mismos.

El resultado, como suele pasar cuando te molestas en hacer las pruebas reales, es bastante más matizado de lo que cualquier campaña de marketing te va a contar.

El punto de partida: qué estamos comparando

Para esta comparativa hemos utilizado un procesador de gama media-alta, concretamente un Intel Core i5-13600K, que es uno de los chips más populares en builds de gaming y trabajo en España ahora mismo. Es un procesador que genera bastante calor bajo carga sostenida, lo que lo convierte en un candidato ideal para ver dónde se nota la diferencia entre soluciones de refrigeración.

Los contendientes:

Temperaturas reales bajo carga: los números que importan

Las pruebas se realizaron en un chasis semitorre estándar con buena ventilación, temperatura ambiente de 22°C, y utilizando Cinebench R23 en bucle durante 30 minutos para simular carga sostenida real (no picos de un segundo, sino trabajo continuo).

Solución Temp. media carga Temp. pico TDP disipado
NH-U12S Redux 87°C 94°C Al límite
Dark Rock Pro 4 79°C 85°C Correcto
AIO 240 mm 76°C 82°C Correcto
AIO 360 mm 71°C 77°C Holgado

La conclusión más importante es esta: la diferencia entre el mejor disipador de aire de la prueba y el AIO de 240 mm es de apenas 3°C en temperatura media. Tres grados. Para ese resultado, estás pagando 25€ más, añadiendo una bomba que puede fallar y complicando el montaje.

El AIO de 360 mm sí muestra una ventaja más clara, unos 8°C por debajo del Dark Rock Pro 4, pero también cuesta 45€ más y requiere que tu caja tenga espacio para el radiador, algo que no todas las torres medianas garantizan.

El ruido: el factor que nadie mide en los anuncios

Aquí viene la sorpresa que más nos gustó documentar. Medimos el nivel de ruido a 50 cm del equipo con un sonómetro calibrado.

El Dark Rock Pro 4 en carga sostenida se mantiene entre 32 y 36 dB(A). Es un disipador notablemente silencioso incluso cuando trabaja duro. El NH-U12S Redux sube hasta los 40 dB(A) bajo plena carga, lo cual es perfectamente aceptable.

El AIO de 240 mm, sin embargo, nos dio una lectura de 38-42 dB(A) bajo carga, y eso sin contar el ruido de la bomba, que genera un zumbido constante de fondo de unos 28 dB(A) incluso en reposo. Muchos usuarios que han comprado AIOs económicos o de gama media se quejan precisamente de ese ruido de bomba que nunca desaparece del todo.

El AIO de 360 mm, al poder trabajar con los ventiladores a menor velocidad gracias a su mayor superficie radiante, fue el más silencioso en carga: 33 dB(A). Pero en reposo, la bomba sigue ahí.

Durabilidad: el elefante en la habitación

Un disipador de aire bien fabricado, como los de Noctua o be quiet!, puede durar perfectamente 10-15 años sin ningún tipo de mantenimiento. Lo único que puede fallar es el ventilador, que además es reemplazable por unos pocos euros.

Un AIO tiene una bomba con rodamientos que eventualmente se desgastan, un líquido refrigerante que puede perder propiedades con el tiempo y, en algunos modelos, mangueras que pueden desarrollar microfugas después de varios años. La mayoría de fabricantes ofrecen garantías de 5 a 6 años, lo cual dice bastante sobre la vida útil esperada del producto.

No estamos diciendo que los AIO sean una mala compra, pero si tu PC va a durar muchos años sin grandes cambios, el disipador de aire es objetivamente la opción más duradera y con menos puntos de fallo potenciales.

¿Cuándo sí tiene sentido un AIO?

Seamos justos: hay escenarios donde la refrigeración líquida sí compensa claramente.

CPUs de muy alto TDP. Si tienes un Intel Core i9-13900K o un Ryzen 9 7950X con PBO activado, un buen AIO de 360 mm te dará más margen térmico que cualquier solución de aire, y eso se traduce en mejor rendimiento sostenido.

Cajas compactas o con poco espacio. Algunos formatos de caja (Mini-ITX, ciertos Mid-Tower con poco espacio sobre el socket) no permiten instalar disipadores de torre grandes. Un AIO puede ser la única opción viable para refrigerar bien en esos casos.

Overclocking agresivo. Si tu hobby es exprimir el procesador al máximo, el margen extra de temperatura de un AIO de 360 mm te dará más recorrido para subir frecuencias.

Estética. Seamos honestos también con esto: un AIO con iluminación RGB y pantalla LCD en la cabeza de la bomba queda visualmente impresionante en una build con panel de cristal. Si eso te importa y tienes el presupuesto, adelante.

La relación precio-rendimiento, resumida

Si tu procesador es de gama media o media-alta y no haces overclocking extremo, un buen disipador de torre de dos ventiladores como el Dark Rock Pro 4 o el Noctua NH-D15 te dará temperaturas prácticamente idénticas a un AIO de 240 mm, más silencio en muchos casos, mayor durabilidad y un precio igual o inferior.

El AIO de 360 mm sí justifica su precio si tienes un procesador de muy alto consumo o si el diseño de tu build lo requiere. Para el resto de casos, el marketing ha hecho un trabajo excelente convenciéndonos de que necesitamos líquido cuando el aire funciona igual de bien.

Conclusión sin rodeos

No hay una respuesta universal, pero sí hay una respuesta honesta: para la mayoría de builds con procesadores de hasta 150W TDP real, un buen disipador de aire de gama media-alta es tan eficaz como un AIO de 240 mm, más fiable a largo plazo y más silencioso en muchos escenarios. El AIO de 360 mm tiene su hueco claro en builds de alto rendimiento, pero no es la solución mágica que los fabricantes quieren que creas.

Gasta tu dinero donde realmente marca diferencia. En este caso, muchas veces es mejor invertir esos 50€ extra en más RAM o en un SSD más rápido.


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